Cretinismo, mediocridad y manipulación. El monstruo renace

dfgLa Historia reciente de España es una triste historia. Y la no tan reciente. Ese periodo comprendido entre el final de la dictadura franquista y nuestros días ha supuesto la instauración de un régimen capitalista que, disfrazado de democracia y estado de derecho (!), ha establecido una conformación social sustentada en la desigualdad y la explotación de las clases obreras (conformación aceptada ciegamente como válida, como único modelo posible de bienestar social y vital). Pero nos dicen que este es el mejor de los sistemas, que mientras tengamos un trabajo, aunque sea en condiciones de semiesclavitud y un techo que no es nuestro sino del banco, somos afortunados, que vivimos en un país desarrollado cuando la realidad es que este jodido Estado permite sin ningún tipo de pudor que se desahucien a familias enteras por orden de bancos o que exista un obsceno número de niños que se van al colegio sin desayunar porque sus padres no pueden permitirse darles ni un vaso de leche. Toda esa decadencia moral y podredumbre capitalista es ocultada o tergiversada, omitida bajo la adormecedora melodía de la democracia. Esto que hoy vivimos es el resultado de gobiernos indecentes que jamás han gobernado para todos, para el pueblo, sino que han sucumbido y se han entregado ciegamente a los preceptos capitalistas del orden mundial.

Hasta aquí podría tildarse la situación de normal (nunca justa), España no iba a ser una excepción en un mundo regido por el Capitalismo, lo que ya no es tan normal es el nivel de mediocridad y estupidez que ha alcanzado quien se ocupa de mantenerlo y servirlo: la política española. O quizá sí lo sea y ésta haya evolucionado en paralelo a la sociedad actual, tan carente de valores, conciencia y voluntad propia. Todo eso que llaman nueva política no es más que un reflejo de la decrepitud moral y ética que se ha instalado no sólo en España sino en todo el mundo. No podía haber mejor panorama para quienes controlan este manicomio global. El estado de narcosis es tal que quien no está en una constante pereza mental está profundamente manipulado por unos medios de comunicación que han hecho de la política un espectáculo de tan baja ralea que poco tiene que envidiar a esos infames programas de cotilleos. Parte del mérito de esta concepción de la política como mero espectáculo lo tienen esa oleada de “periodistas estrella” aparecidos de un tiempo a esta parte, cuya figura más conspicua es ese gurú mediático, magnate de los mass media y siervo del Sistema que es el inefable García Ferreras –y junto a él toda su bochornosa cadena. No se explica o sí cómo un tipo de esa calaña es capaz de influir en tal grado en la opinión de la gente, cómo consiguió colocar a Podemos como una importante fuerza política y cómo ha hecho ahora lo propio con Vox. Y lo peor es que un tipo tan influyente y con tanto poder chapotee habitualmente en los bajos fondos del Estado, en esos que deciden quiénes deben subir o hundirse en mentiras y acusaciones, como hizo con el otrora admirado Pablo Iglesias cuando comenzaba a despuntar para luego ser cómplice de una grotesca campaña de desprestigio y linchamiento (como si en Podemos no se bastaran ellos solos para defenestrarse). Y ahora, cuando este partido es un juguete roto, el cometido del gurú de La Sexta es otro, aún más deleznabable incluso, y no es otro que, oída la encomendación de sus amos, colocar a Vox en una situación de privilegio. El resultado es evidente y se presta a pocas interpretaciones. Los mercenarios llamados periodistas pocas veces fallan.

Pero un espectáculo que mediáticamente es lamentable (esas tertulias harían sonrojarse a cualquiera con un poco de luces) requiere unos actores a la altura, es decir, una clase política cuyos principales rasgos no desmerezcan a los de esos creadores de opinión, esto es, mediocridad, patetismo y degeneración. Y si hablamos de mediocridad, como punta de lanza de esta generación de monigotes, ahí tenemos a Pablo Casado, la simpleza hecha persona; un hombrecillo ínfimo, patético e inane, un tipo irrisorio, sin moral ni escrúpulos que ha hecho de su propia estupidez su bandera, y todavía ni él mismo se explica cómo ha llegado a ser presidente de un partido, siendo consciente, porque lo es, de sus infinitas limitaciones, no sólo como político sino como ser humano. Pero como si de La cena de los idiotas se tratara, se ha rodeado de una serie de sujetos que si no están a su altura (esto es difícil), igualmente rayan en la idiotez más flagrante; no hay más que escuchar a eminentes luminarias como el desquiciado Suárez Illana, la vesánica Álvarez de Toledo o la risible Díaz Ayuso.

En Ciudadanos, si bien no llegan a un grado de imbecilidad como el de sus adláteres peperos, sí comparten una mediocridad que intentan disimular con soflamas de odio y promesas de un país mejor sin la izquierda. Las carencias del partido de Rivera se evidencian en su ferviente ultranacionalismo, sustentado en el odio y el desprecio al que no piensa como ellos. Ver a la promesa del ultraliberalismo español subir a un estrado es saber de antemano de qué va a hablar, su ya indisimulable nacionalpopulismo anticipa que todo su delicuescente discurso se va a basar en la defensa a ultranza de la bandera (como si ésta fuera la solución a todos los males), la patria española, el nacionalismo catalán y el exacerbado odio hacia Pedro Sánchez. Ni propuestas, ni medidas, ni programa para ese país que tanto dice amar; su radicalismo no va más allá porque, joder, ¿qué le importa a esta gente el bienestar del pueblo cuando pueden llegar al poder sólo con el discurso del odio y del miedo?

El espectáculo resulta nauseabundo. Quienes pretenden representar a todo un país no sólo son patéticos personajillos carentes del más mínimo rastro de voluntad de trabajar para el pueblo, sino que su bilis, mezquindad y odio hacia todo aquello que no comulgue con sus trasnochadas ideas, está calando en la sociedad. Es alarmante cómo el rebaño de los partidos de derechas está aceptando toda esa aversión e inquina, cómo se está conformando un tejido social en la que el discurso vacío de contenido pero cargado de odio es el principal motivo de pleitesía hacia un candidato u otro. Resulta desolador ver cómo en los seguidores de estos partidos ha anidado ese mismo odio hacia la figura Pedro Sánchez. Poco les importa que vivan en un Estado que los explota, los desahucia, les arrebata su dignidad como personas; el foco se centra en “echar a Sánchez porque es cómplice de golpistas”. Ahí tanto Casado como Rivera sí han acertado al ocultar sus criminales propuestas para con el pueblo bajo soflamas de odio. Han conseguido sumir a su catatónico electorado en ese sentimiento visceral y mefítico para que no pueda ver lo que se esconde detrás de toda esa podredumbre ultraliberal, que no es otra cosa que políticas antisociales destinadas únicamente empobrecer aún más a la clase trabajadora. Derecha en su más prístina esencia.

Vivimos tiempos peligrosamente estériles, despojados de voluntad social, en los que todo se dirige a la confrontación, al odio, a destruir al otro, a inocular la alícuota de veneno que engendrará desprecio y enfrentamiento, y esto es algo que, si nos paramos a pensar fríamente, es la simiente del fascismo, un fascismo que sibilinamente se está extendiendo sin que nos demos cuenta, la semilla ya está germinando, crece lentamente, casi de forma imperceptible, pero crece; el abismo avanza, su metástasis es lenta pero progresiva, se expande atenuado, dulcificado por los medios encargados de su entronización, mimetizado entre partidos aparentemente democráticos, para que cuando nos demos cuenta ya sea tarde y el embrión sea ya monstruo alimentado de odio y rencor. Ese día va a llegar porque ya llegó antes, y la Historia siempre se repite porque el ser humano no ha aprendido a aprender de sus errores, aunque esto puede que no sea un error sino una carencia, la falta de arrojo y coraje para mirar atrás, para estudiar lo que pasó, lo que sucedió no hace tanto en esta misma tierra, donde se vertió sangre y corrieron lágrimas que aún perduran, donde la voluntad humana se quebró y nació un monstruo del que hoy sus cenizas vuelven a ser ascuas a la espera de prenderlo todo. De nuevo.

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: