El abismo

lkijLa Historia, esa incansable e infinita rueda que gira repitiendo consigo todo aquello que la ha ido conformando a lo largo de los siglos, dibuja ciclos que vuelven, que comienzan y terminan para volver tras su dormancia, dejan paso a los siguientes que irrumpen tras su letargo. Esa Historia tiene mucho que enseñarnos, dice mucho de lo que fuimos, de lo que somos, de cómo pensamos y a qué nos aferramos en momentos decisivos; nos alerta, nos previene, nos muestra dónde tropezamos y cómo nos levantamos, nos regala la oportunidad de la no reincidencia, del preconocimiento, de la presciencia. El mundo no cambia, se repite, orbita, reincide, trae el pasado para convertirlo en presente o en futuro, nada ocurre sin un tiempo y unos actos pretéritos, momentos decisivos sobre los que se erigen las épocas venideras, las cenizas de un tiempo se transforman en semillas que germinarán cuando las condiciones se repitan y las favorezcan. Hoy, en el siglo XXI están resurgiendo las exequias de la cruel primera mitad del XX, está prendiendo la llama que originó la etapa más visceral que vio la humanidad, el abismo comienza a abrirse de nuevo ante nosotros y no nos estamos dando cuenta. No aprendimos lo único valioso que nos dejó aquello, que fue no permitir cometer los mismos errores, no dejar que volviera a crecer el mayor monstruo que ha conocido el ser humano y que tantas vidas se llevó consigo. No nos hemos dado cuenta y el fascismo ya está entre nosotros. Otra vez.

Ese fantasma que vuelve a recorrer Europa se alimenta de odio, se arma con el miedo, destruye con la sinrazón, ya nos lo dice la Historia ensangrentada de la humanidad, una Historia que no nos es tan lejana, todavía se vislumbra en el horizonte, sus ascuas todavía humean, apenas tres generaciones desde que aquella Europa y aquel mundo sucumbieron a la barbarie, a la demencia de regímenes genocidas que terminaron por abismar por completo a una civilización que ya tenía mucho de qué avergonzarse, que echaba la vista atrás y sólo veía muerte, destrucción, genocidios, despojada de toda dignidad ante los incontables crímenes en nombre de Dios, de ideologías, de reyes y de patrias, de banderas que ahora enarbolan quienes nos están devolviendo el abismo, un abismo en forma de populismos, demagogia y posverdad, que seduce al vulgo más cerril, al más débil, al carente de conciencia de clase y social, porque el odio del fascismo hoy vuelve a encontrar la llama primigenia que lo prendió el pasado siglo, la descorazonadora inmigración es la espada que blanden para fomentar el miedo, encienden sus vacuos discursos señalando “al moro”, “al negro” o “al rumano”, camuflan su ideología asesina con promesas de patrias y banderas, esconden sus instintos criminales en utópicas arcadias, obnubilan con falsas promesas, maquillan el odio que subyace bajo la hojarasca de la democracia, vuelven a utilizar viejas argucias, las que ya usaron sus ascendientes con enorme éxito, porque todo esto ya lo vimos, no nosotros, sino nuestros padres o abuelos, pero lo vimos porque sabemos lo que pasó, los libros nos enseñan el proceso genésico que tuvo lugar en aquella desgraciada Europa y también nos dicen cómo evitarlo, pero lo ignoramos, no queremos verlo quizá por miedo o por ignorancia o por incultura o simplemente por vagueza, una vagueza que emana de la creciente analfabetización ideológica, política e histórica de una población cada vez más idiotizada, desarmada, entregada, y lo que es peor, desclasada, que no sabe cuál es su sitio y quién es el enemigo, que sólo oye lo que quiere oír y no lo que necesita oír, que vive catatónica bajo el influjo de idiotizantes programas de televisión o de youtubers o de influencers o de peligrosos periodistillas estrella creadores de opinión, todo ello conformando un cóctel mortal para conciencia de clase, una conciencia que parece que hace tiempo se perdió, una rendición absoluta que propicia que se vote ciegamente al que “va a echar al moro” en vez de a quienes le van a dar trabajo o pan o dignidad; aunque quizá también se deba esto a la horfandad de esa clase trabajadora en estos tiempos de proliferación de políticos impostores incapaces de luchar por los parias de este mundo, partidos inanes ante ante el avance del fascismo, más preocupados de hacer el imbécil en redes sociales que de luchar por la dignidad del pueblo, un pueblo que también perdió el rumbo, que no encuentra su norte porque no es consciente de sus ataduras, está desprotegido porque ignora quién es su enemigo, el mal que le acecha se le escapa y se aferra a la nada, a esos políticos mesiánicos que vinieron con promesas de cambiarlo todo cuando lo que querían era cambiar su jodida cuenta corriente e instalarse en puestos de poder, nada diferente a lo que decían que iban a cambiar y su asalto a los cielos no escondía más que la desmovilización ciudadana para que el Sistema prosiguiera cómodamente con sus crímenes y atentados contra la dignidad y los derechos de todo un país; y hoy ya vemos las consecuencias…

El monstruo ya está aquí. Ha venido para quedarse. Para acabar con todo. Como ya hizo antes. Y hoy parece que no hay nadie que le haga frente.

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3 comentarios

  1. […] a otras vesánicas y viles formas de pensamiento como el racismo, la xenofobia, la homofobia o el fascismo –éste no deja de ser al fin y al cabo una grotesca manifestación de la deformación del […]

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  2. […] digitales, manipulada por las grandes mentiras mediáticas, incapacitada para decidir y actuar, el abismo que se abre ante nosotros se presenta imparable. Y es muy […]

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  3. […] pueden desencadenar la creación de un monstruo e incluso crear la semilla que germinará como un abismo insondable. Haneke es un artista audaz y con los redaños suficientes para, como en toda su […]

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