Famosos juntando letras

bkEl arte es lo más serio que tiene la vida, o por lo menos lo que nos deberíamos tomar más en serio. El arte es el refugio último del mundo, el lugar en que se cobija, en el que se vuelve hermoso, donde escapa de la miseria, la maldad, el dolor, donde deja de ser despiadado y pasa a ser acogedor, poético, bello. El arte nos salva de la vida. Por eso con él no se juega.

Así que vamos a hablar un poco de arte, de literatura. Se están escuchando últimamente muchas afirmaciones sobre el buen estado del libro, que parece que el papel está sobreviviendo al tsunami digital y a la piratería y que se aprecia un cierto repunte en las ventas en formato físico. No sé hasta qué punto esto es cierto cuando en nuestro desgraciado país la literatura es algo residual, inexistente para la inmensa mayoría de las personas, más preocupadas por cuál ha sido la memez del día de esos niños multimillonarios que juegan con una pelota o el último teatrillo en los platós de Telecinco. Quizá por ello nos vemos en la situación sociocultural tan lamentable en la que nos encontramos con las consiguientes y lógicas consecuencias políticas, económicas y sociales, porque como buen país iletrado e inculto que somos estamos sumidos en la ciénaga de la ignorancia, indefensos ante lo que nos quieran imponer.

Pero quizá sea así, a lo mejor la literatura sobrevive todavía y las ventas de libros se mantienen en un nivel aceptable sin sucumbir a la piratería o al profuso semianalfabetismo patrio. Pero esas ventas de las que hablan las estadísticas o los libreros o las editoriales, ¿son de literatura o son de productos comerciales diseñados para atrapar a la gente que busca un entretenimiento más como cualquier otro? Me inclino más por lo segundo. Dejando a un lado la enorme labor de pequeñas editoriales que subsisten gracias a la promoción de verdadera literatura, la cual anteponen a los beneficios económicos, los grandes grupos empresariales dedicados a los “libros” sí pueden que estén viviendo, como no podía ser otra forma, una edad dorada con grandes tiradas de éxitos que innegablemente se venden muy bien. Y es que esas editoriales, cuyo interés en la literatura y el arte es nulo, han visto en los famosos televisivos un filón que están explotando muy hábilmente para aumentar su cartera de ingresos sin riesgo alguno; saben que lo popular vende, que una foto de un rostro conocido va a convencer al lector casual porque éste no busca lecturas de cierto calado artístico sino el libro de tal o cual presentador o presentadora y que le han dado tal o cual premio.

Y les funciona, los libros escritos por personajes de la tele se convierten en éxitos de ventas inmediatos y son galardonados con premios literarios casi con toda seguridad. Porque eso también da que pensar, que sean siempre novelas de famosos las que se lleven el gato al agua en los galardones que otorgan las grandes editoriales. Más que oler, apesta. Y más cuando hay tantísimos escritores noveles que se las ven y se las desean para que sus obras sean publicadas, que muchos de ellos atesoran una calidad innegable pero que son relegados al ostracismo mientras que a los personajes públicos les publican tiradas casi millonarias en las más prestigiosas –es un decir, claro– editoriales patrias. Pero no olvidemos que estamos en España.

Y no es de extrañar porque no son editoriales, son enormes grupos empresariales y como tales anteponen el dinero a cualquier cosa, incluso a la literatura y al arte. No les interesan la literatura, ni los escritores –los de verdad–, ni que la obra tenga una mínima estética, publican sólo si el producto les va a reportar beneficios, y saben que aquí, en España, vende lo que vende, que por supuesto no son obras de cierto calado artístico o de autores valientes capaces de transmitir a través de sus letras, no, lo que aquí  goza de éxito es la foto del famoso o la famosa en la cubierta del libro, que figure que ha sido galardonado con el prestigioso premio de no sé qué acompañado de una frase sobre lo profundo de su historia. Mientras tanto, mientras la foto de la celebridad vende miles de ejemplares, muchos otros escritores, brillantes quizá, son ignorados o rechazados, viéndose abocados a la autopublicación o a no publicar, perdiéndose un talento en la inmensa infinitud del capitalismo literario.

Desde luego hay demasiado y bueno que leer como para perder el tiempo en productos patrocinados por enormes empresas cuyo último interés es la literatura.

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