Ser apolítico

tumblr_nysavjvwg51s42uk2o1_1280En estos tiempos en los que se pone continuamente de manifiesto la catadura ética y moral de la mayoría de los políticos que han gobernado este desgraciado país durante los ultimos cuarenta años es más necesaria que nunca una movilización popular que acabe con esa forma de entender la política, porque ésta no es (o no debería ser) un negocio (o un espectáculo, como últimamente estamos sufriendo), aunque muchos así la vean y hagan de ella el instrumento con el que forrarse (como dijo Zaplana hace años) con el consetimiento de millones de incautos electores. Pero no sólo una movilización al uso, sino una movilización profunda, radical, una revolución intelectual y cultural que le dé a la sociedad la suficiente hondura para no quedar desprotegida ante el abuso del poder, que le confiera una base sólida e inquebrantable para hacer frente al ataque sistemático de una clase política cuyo único interés es enriquecerse ella y a todo el aparato financiero que tiene detrás. Porque pese a lo que diga esa contradictoria Constitución que nos ampara, la soberanía del Estado no reside en el pueblo, sino en los poderes fácticos, en los organismos económicos no elegidos por la ciudadanía y que a través de sus brazos políticos determinan que todas nuestras vidas estén condenadas a la miseria mientras sus arcas se llenan gracias al trabajo de las clases trabajadoras. En resumen, estamos bajo un régimen oligárquico. Así, pese a todo lo que diga esa tramposa Carta Magna, en este país (ni en ninguno en el que impere un sistema de capitalismo salvaje) no existe la igualdad entre todos los ciudadanos por mucho que los voceros del Régimen quieran inculcarnos.

Cuando cada día vemos bochornosos casos de corrupción, en el que las arcas públicas son esquilmadas por unos canallas que se dicen demócratas, cuando algunos partidos son verdaderas bandas mafiosas que se financian ilegalmente desde su mismo nacimiento, cuando cobran sobresueldos o pagan sus sedes en dinero negro, cuando se adjudican contratos a dedo con el consiguiente cobro de desorbitadas comisiones, cuando se está recortando en servicios básicos, cuando los derechos más fundamentales se están viendo restringidos, cuando las élites económicas mandan a sus lacayos en forma de “nuevo partido“, es cuando más falta hace el compromiso político (e intelectual) de la sociedad, la decisión de cambiar las cosas con todas las armas de las que dispone, porque no debemos jamás olvidar que el poder (krátos) debería ser nuestro, porque somos el pueblo (demos), y la soberanía del Estado es nuestra y sólo nuestra, si es que vivimos en una Democracia. No debemos permanecer ajenos a nuestro compromiso porque de nosotros depende que estemos o no bajo el mandato de canallas sin escrúpulos dispuestos a quitarnos hasta la última gota de nuestra sangre en su propio beneficio y de sus amiguetes. Tenemos que abrir los ojos y dejar de mirar para otro lado o escondernos a la hora de tomar una decisión.

Por eso son tan perjudiciales todos esos despreocupados de la política, los que, en un acto de monumental irresponsabilidad, no acuden a las urnas por pereza o por ignorancia o por estupidez, o los que viven aislados de la realidad que supone el mandato de nuestros “representantes”. Los que se abstienen comenten el gravísimo error de delegar la única herramienta de cambiar la situación que nos martiriza a todos en otros quizá aún más irresponsables o imbéciles.  Ese tipo de persona no es consciente de que eso tan “asqueroso” o “aburrido” que es la política determina en última instancia su vida, que esos “legisladores” van a decidir sobre sus derechos más elementales, sobre si echarle o no de su casa, sobre las tasas para estudiar en la Universidad, sobre la Sanidad o la Educación o simplemente cuánto vale la jodida barra de pan que compra todos los días. El ser apolítico es un ser ignorante porque no llega a tomar conciencia de la importancia capital que tiene la decisión de elegir entre un político canallesco y uno honesto y honrado, entre depositar una papeleta en la urna (en el caso de que lo haga) u otra, o entre depositarla o no hacerlo.

El sujeto apolítico normalmente lo es por falta de conocimiento o información (o mala información) o simplemente idiotez. Está más cómodo o cómoda en la ignorancia, en el no saber, en el desconocimiento de la realidad con la que cada día convive; así es más fácil vivir, la pereza mental y la estulticia le hace ver la vida más bonita, como en un falso cuento de hadas en el que todo cae por la chimenea. Pero la despreocupación política también radica en la espuria manipulación mediática y en la facilidad del individuo para ser manipulado. Las consecuencias de esto es que el sujeto voluble votará a quien salga más en la tele (!) o a quien sepa mentir mejor, pero también pensará (y esto es lo más habitual y lo más triste) que todos los políticos son iguales, cuando si indaga y se informa un poco se dará cuenta (si es que tiene capacidad para ello) de que eso no es así, que hay gente que de verdad está con el pueblo, con las clases populares, y está dispuesta a luchar por la igualdad y para preocuparse de las necesidades de los ciudadanos. Qué fácil es decir “a quién votar si son todos iguales” cuando uno se queda sólo con lo que le dicen los medios del Sistema, cuando no se atiende a lo que dicen unos y otros y sólo se queda con el titular del discurso. Votar desde el desconocimiento es estúpido, pero lo es más no acudir a las urnas porque se piensa que no hay opciones válidas. Por eso primero hay que interesarse por escuchar, leer y discernir, obviar a los medios que no son más que marionetas del poder, atender a las propuestas que nos ofrecen unos y otros, saber distinguir entre el embaucador y el honesto, y sobre todo en no cometer la giliollez de delegar el voto en los demás, porque serán ellos los que decidan por nosotros y eso es un acto suicida y más aún en estos tiempos. Pero creo que todo esto es mucho pedir al españolito medio, para desgracia de este país.

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