Mátate tú primero, machote

mother-and-son«El mejor medio para hacer buenos a los niños es hacerlos felices» – O. Wilde

He escrito varias veces por aquí el insoportable dolor que me provoca el saber de niños que sufren, que sienten tristeza, que son maltratados y vejados o que su infancia no es la que todo niño debería tener. Es algo que me aniquila, me devora por dentro asistir al sufrimiento de los mayores tesoros que hay en este condenado planeta. Mientras haya niños que sufran, la humanidad seguirá siendo miserable, imperdonable, merecedora se arder en todos los infiernos. Porque cuando un niño es víctima, no sólo se está haciendo daño a alguien frágil, indefenso e inocente, sino que también se fuerza la ruptura de la barrera que lo protege de “lo inhumano”, porque en la niñez, como he dicho en multitud de ocasiones, es el único periodo de la vida en la que somos verdaderamente humanos, y al asistir al maltrato, al dolor, a lo trágico, la blanca visión se macula, se tiñe del ponzoñoso veneno que empapa a esta criminal especie de la naturaleza.

Y no hay que irse muy lejos para ver atrocidades cuyas víctimas son los niños. Aquí, en el “mundo civilizado” las hay igualmente, porque la maldad no conoce límites de ningún tipo, y aquí, en esta triste España, estamos asistiendo últimamente a asesinatos de niños por esos asesinos de mujeres que por venganza o despecho hacia ellas son capaces de cometer el peor de los crímenes. Es desolador ver cómo proliferan los machistas, esos tíos que por el mero hecho de ser hombres (en realidad no lo son, no son nada) creen que pueden someter y dominar a su pareja, y vejarla, maltratarla, humillarla, destruirla, hundirla, asesinarla. Se tienen ellos por machos, viriles y dominantes, cuando no son más que una mierda pinchada en un palo, ignorantes incapaces de ver que ese machismo los convierte en personas inferiores a todas las demás, pusilánimes que necesitan descargar su ira y violencia contenida sobre una mujer indefensa o sobre unos pobres niños. Estos monstruos son incapaces de sentir nada por nadie, no tienen capacidad de amar, de dialogar, de comprender, de entender que nadie es posesión de nadie, y en su estrechísma mente sólo ven a la mujer como un objeto (normalmente sexual, suelen estar muy salidos y ser unos babosos) y a sus hijos como productos de su condición de macho alfa. Aparte de todo esto son tipos muy básicos, de corto intelecto (alguien inteligente no puede ser nunca machista, ni homófobo, ni xenófobo, ni racista) y con algún trauma reprimido. Siempre intentan demostrar su hombría para tapar todas sus demás carencias, que son todas, porque no son humanos.

Y si son completamente incapaces albergar algún tipo de sentimiento por mínimo que sea, ¿cómo van a querer a sus hijos? ¿Cómo van a llegar a comprender que los hijos —los niños— son lo más valioso que puede haber en este mundo, y si son los nuestros deberían ser la mayor fuente de amor —en realidad la única— y felicidad que pudiéramos poseer? El hecho de maltratarlos, herirlos, asesinarlos, convierte a esa persona en un monstruo, un ser abyecto que no merece vivir, que debería sufrir el mayor de los tormentos porque la inocencia de un niño es sagrada porque de ellos emana el único amor que existe en este mundo al que cada vez le queda menos, son la esperanza para construir una nueva humanidad, pero para ello primero tienen que ser niños, y deben ser enseñados, educados, debemos inculcarles los valores y cultura necesarios para hacer de su futuro un futuro digno, para que construyan un mundo mucho mejor del que hemos conocido nosotros. Y todo esto se pierde cuando el asesino hace de ellos sus víctimas.

Tú, que te crees alguien por ser un tío, que piensas que tu pareja es de tu propiedad y tus hijos productos de tu “portentosa virilidad”, no eres más que un vulgar asesino, un criminal que en realidad esconde un ser pusilánime, irrisorio, nulo, que te refugias tras esa máscara de tipo duro que sólo muestras a tu familia porque en la calle eres un mierdecilla, un alfeñique al que probablemente en el colegio lo hinchaban a collejas porque era el tonto de la clase, y ahora has encontrado quien pague los platos rotos de tu miserable vida, esa que intentas tapar con tu actitud chulesca y prepotente cuando no eres más que un cobarde, que maltrata y asesina a mujeres y niños inocentes, y luego toda esa fachada dura se desvanece y te descerrajas un tiro en la sien o te ahorcas porque tu infinita cobardía no te permite afrontar las consecuencias, pero no las consecuencias legales, al fin y al cabo éstas jamás te harán pagar por lo que has hecho o por lo que eres, sino las sociales, porque tu verdadera cara habrá quedado al descubierto, que es lo que más temías, habrás puesto de manifiesto que sólo eres un infame asesino de seres indefensos, un diminuto hombrecillo incapaz de albergar un atisbo de humanidad, de cariño o de amor hacia aquellos que te querían (quizá los únicos que te han querido en tu repugnante existencia); por eso no puedes seguir viviendo, has quedado desenmascarado y ahora todos saben que no eres ese “hombre” que pretendías proyectar y que en realidad nadie creyó, porque se os nota a todos, intentáis erigir una imagen de dureza masculina creyendo, en vuestra infinita ignorancia y estupidez, que eso os colocará por encima del resto, para soterrar todos vuestros traumas y frustaciones de seres humanos fracasados, que es lo que sois, el fracaso del amor, del cariño y toda sensibilidad, así que cuando pienses en maltratar o matar a una mujer o a un niño, antes incluso de mirarlos con ojos de odio, haznos un favor a todos, machote, y mátate tú primero.

 

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