Grandes momentos de una gran película: ‘Martín (Hache)’

«Me seducen las mentes, me seduce la inteligencia, me seduce una cara y un cuerpo cuando veo a una mente que los mueve y que vale la pena conocer. Conocer, poseer, dominar, admirar. La mente, Hache, yo hago el amor con las mentes, ¡hay que follarse a las mentes!» Dante (Eusebio Poncela)

El director argentino Adolfo Aristarain (1943) firmaba en 1997 una de esas pocas y valiosas películas capaces de remover el pensamiento del espectador, y con gran precisión deleitaba con un guión cuya grandeza se apoyaba en una forma de ver la vida totalmente libérrima y, engrandecido por un reparto actoral inmenso, conforma una película capaz de regalarnos momentos verdaderamente inolvidables, cargados de un mensaje libre y lleno de amor por la vida (como el que abre esta entrada, que es maravilloso, y que muy pocos serán los que lo lleguen a entender; menos aún en estos tiempos donde prima la superficialidad más vulgar y desoladora). Porque Martín (Hache) es una película absolutamente necesaria. Así, sin más.

A continuación dejo unas cuantas escenas que hablan por sí solas, como esta primera de Federico Luppi sobre el patriotismo, algo absurdo con lo que tantos pierden el culo y la dignidad. Todos esos que se enorgullecen de un trozo de tierra mandado por cínicos políticos, que se envuelven en un trozo de trapo con unos colores de los que dicen sentirse “orgullosos”, deberían ver este fragmento (aunque supongo que nada cambiaría, no hay peor ciego que el que no quiere ver). Muy curioso cuando Luppi dice de Argentina que es “un país que te hace mierda, sin futuro, saqueado, depredado…”; es la más certera descripción de lo que es España ahora:

A continuación el gran Eusebio Poncela en el papel del inolvidable Dante habla sin tapujos de la jodida esclavitud a la que somos sometidos sin darnos cuenta, para, como dice el diálogo, mantener el poder, para que mantengamos el poder mediante nuestro esfuerzo. Impagable:

Y esta directamente me deja atónito, sin palabras. Un puñetazo directo a toda la falsedad e hipocresía que prepondera en toda sociedad, sin concesión, sin tapujos. Realmente Martín (Hache) es una película que va más allá de cualquier convencionalismo, que vuela libre para hacernos sentir más humanos, para aglutinar en sí misma la verdadera esencia de la vida (la luminosa pero también la más oscura), y esta escena es la prueba misma de ello:

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