La precognición de George Orwell

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«El lenguaje político está diseñado para que las mentiras parezcan verdades, el asesinato una acción respetable y para dar al viento apariencia de solidez.»

Allá por 1949, George Orwell publicaba una de las más brillantes, proféticas y demoledoras novelas del siglo XX, vaticinando en ella un futuro aterrador que está a punto de hacerse realidad, si no lo ha hecho ya. El profundo calado político y social del que hacía gala y la pesimista visión de lo que estaba por acontecer convirtieron a 1984 en la más admirada distopía de toda la historia de la literatura (siempre con permiso de la extraordinaria Un mundo feliz (Brave new world,1932) del genial Adouls Huxley). Porque 1984 nos mostraba una sociedad sumisa, dirigida y alienada, siempre bajo la omnipresente mirada del Gran Hermano, encargado de mantener acotados los límites de la libertad incluso en lo privado. Claro está, viviendo en estos tiempos, que Orwell sabía de lo que hablaba, y hoy asistimos a un infecto mundo dominado por los poderes fácticos que hacen y deshacen a su antojo, con total dominio sobre todas las sociedades y capaces de inventarse una crisis para asentar su control económico y político y sumir a las poblaciones en un estado de narcosis y ceguera irreversible.

Los paralelismos de la situación actual (que se ha precipitado y acelerado en muy pocos años gracias al engaño de la estafa financiera) con la terrorífica novela son evidentes, incluso en la pérdida de la privacidad más elemental, sólo que en vez de llamarse Gran Hermano se llama Internet. El dominio es palpable, y no hay más que ver la permisividad de la sociedad ante los abusos y delitos de los que nos dirigen. Porque si no estuviéramos dominados, arrodillados, con el cerebro lavado y bajo el yugo de ese gran poder, hace mucho que ya habríamos cambiado las cosas, y es evidente que “el culto al líder” al que alude Orwell ahora es una realidad. Las democracias no son tales, sino que son totalitarismos encubiertos, como también indica. Su preoucupación por un mundo que caminaba irremediable hacia el abismo se ve reflejada en su obra, pero también en la carta que a continuación transcribo, escrita en 1944 (varios años antes de la publicación de 1984), aparecida recientemente, y que iba dirigida a un tal Noel Willmett. Es una reflexión sobre su visión del nuevo orden que se avecinaba tras el advenimiento del nazismo alemán y donde se vislumbraba lo que vendría con el comunismo en Rusia. No es una misiva muy larga, pero no tiene desperdicio, realmente Orwell era un visionario, un genio, un hombre comprometido y de gran clarividencia. Leed:

Para Noel Willmett
18 de mayo de 1944
10ª Mortimer Crescent NW6

Querido Sr. Willmett,

Muchas gracias por su carta. Usted pregunta si el totalitarismo, la adoración al líder, etcétera, están en ascenso y propone que aparentemente no están creciendo en este país ni en Estados Unidos.

Debo decir que creo, o temo, que, tomando al mundo en conjunto, estos elementos se están expandiendo. Hitler, sin duda, desaparecerá pronto, pero sólo a expensas del fortalecimiento de Stalin, los millonarios anglo-americanos y todas las clases de pequeños fuhrers como De Gaulle. Todos los movimientos nacionales en el mundo, incluso los que se originan en resistencia a la dominación alemana, parecen tomar formas no democráticas, para agruparse alrededor de un fuhrer superhumano (Hitler, Stalin, Salazar, Franco, Gandhi, De Valera son varios ejemplos) y adoptar la teoría de que el fin justifica los medios. En todas partes, el mundo se mueve hacia economías centralizadas, las cuales pueden “trabajar” en un sentido económico pero que no están organizadas en un sentido democrático y que tienden a establecer un sistema de castas. A la par van los horrores del nacionalismo emocional y la tendencia a desconfiar de la existencia de la verdad objetiva porque todos los hechos tienden a encajar con las palabras y profecías de un fuhrer infalible. Ahora la historia ha dejado de existir, por ejemplo, no existe tal cosa como una historia de nuestros tiempos que pueda ser aceptada universalmente, y las ciencias exactas están en peligro debido a que la necesidad de los militares deja de mantener a la gente dentro de los límites. Hitler puede decir que los judíos comenzaron la guerra, y si sobrevive escribirá la historia oficial. Él no puede decir que dos más dos son cinco, porque para los fines de, digamos, la balística, tienen que ser cuatro. Pero si se realiza el tipo de mundo al que le temo, un mundo de dos o tres superestados que son incapaces de conquistarse el uno al otro, dos más dos podrían ser cinco si el fuhrer así lo quisiera. Ésa, según veo, es la dirección en la que nos estamos moviendo, y, por supuesto, el proceso es irreversible.

En cuanto a la inmunidad comparativa de Estados Unidos y Gran Bretaña. Cualquier cosa que los pacifistas, etc., puedan decir, no nos hemos vuelto totalitarios aún y este es un síntoma muy saludable. Creo profundamente, como he explicado en mi libro ‘El león y el unicornio y otros ensayos’, en el pueblo inglés y en su capacidad de centralizar su economía sin destruir su libertad en el proceso. Pero uno debe recordar que Gran Bretaña y Estados Unidos no han sido realmente puestos a prueba, no han conocido la derrota o el sufrimiento extremo, y hay malos síntomas para equilibrar los buenos. Para empezar, tenemos la indiferencia general ante la decadencia de la democracia. ¿Se da cuenta de que, por ejemplo, que nadie en Inglaterra menor de 26 años ha votado y que hasta ahora nadie haya podido ver a la gran masa de gente de esta edad a la que no le importa un carajo esto? Luego, está el hecho de que los intelectuales son más totalitarios en comparación con la gente normal. En conjunto, la “intelligentsia” inglesa se ha opuesto a Hitler, pero sólo al precio de aceptar a Stalin. La mayoría de ellos están perfectamente preparados para los métodos dictatoriales, policía secreta, falsificación sistemática de la historia, etcétera, siempre y cuando no sientan que eso está de “nuestro” lado. En efecto, la declaración de que no hemos tenido un movimiento fascista en Inglaterra quiere decir que los jóvenes, en este momento, están buscando a su fuhrer en otro lado. Uno no puede estar tan seguro de que eso no cambiará; tampoco de que la gente común no pensará en diez años como los intelectuales piensan ahora. Espero que no lo sean, confío en que no lo sean, pero si es así, lo será al precio de un conflicto. Si uno simplemente proclama que todo es en pos de lo mejor y no señala los siniestros síntomas, uno sólo ayuda a la llegada del totalitarismo.

Usted también me pregunta si pienso que la tendencia del mundo es hacia el fascismo, ¿por qué apoyo la guerra? Es una elección de males —Me imagino que toda guerra es eso. Sé suficiente del imperialismo inglés para que no me guste, pero lo preferiría antes de apoyar el nazismo o el imperialismo japonés, como el mal menor. De manera similar, apoyaría a la Unión Soviética contra Alemania porque creo que la Unión Soviética no puede del todo escapar de su pasado y retiene suficientes ideas originales de la Revolución para transformarla en un fenómeno un poco más esperanzador que la Alemania Nazi. Yo pienso, y he pensado desde que la guerra comenzó, en 1936 aproximadamente, que nuestra causa es mejor, pero que tenemos que mantenerla mejor, lo que involucra constante criticismo.

Suyo sinceramente,

Geo. Orwell

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